El crecimiento de la región requiere inversión en infraestructura productiva

La economía de la Región de Tarapacá atraviesa un momento crítico que exige una mirada estratégica y, sobre todo, decidida. Los últimos indicadores económicos han sido claros: nuestra región ha enfrentado una contracción sostenida durante los últimos tres trimestres. Este enfriamiento no es solo un dato estadístico; es una señal de alerta sobre la necesidad de diversificar nuestra matriz productiva y fortalecer los sectores que poseen un potencial latente, pero que hoy carecen del impulso necesario.
Si bien la minería continúa siendo un pilar fundamental de nuestra actividad, la fragilidad expuesta por este ciclo de baja nos obliga a mirar hacia otros motores de desarrollo. En este contexto, el turismo surge no como una opción complementaria, sino como una necesidad imperativa para garantizar la estabilidad económica regional.
Sin embargo, el discurso de la «potencia turística» no será suficiente mientras persista una brecha en nuestra infraestructura. Para que Tarapacá logre transformar su innegable riqueza paisajística, histórica y cultural en un verdadero motor de crecimiento, la inversión debe traducirse obligatoriamente en obras concretas.
No estamos hablando únicamente de promoción o de estrategias en papel. Hablamos de la urgencia de habilitar el borde costero con servicios de estándar internacional, de mejorar la conectividad vial hacia los destinos del Tamarugal, de dotar de infraestructura de servicios básicos a las localidades rurales y de potenciar los accesos que faciliten la llegada de visitantes. La nueva Política Regional de Turismo, con su proyección al 2034, marca una ruta necesaria, pero su éxito dependerá estrictamente de la ejecución física de estos proyectos.
La infraestructura productiva es el lenguaje con el que una región le habla al mercado y al mundo. Si queremos revertir la tendencia negativa y construir un futuro más resiliente, el compromiso de las autoridades y del sector privado debe centrarse en acelerar la concreción de obras tangibles. Es momento de pasar de las promesas de desarrollo a la materialización de un entorno capaz de sostener una industria turística moderna, competitiva y, por sobre todo, generadora de empleo y bienestar para todos los habitantes de Tarapacá.
La actual priorización de proyectos públicos debe estar alineada con estas necesidades de infraestructura turística, para los distintos tipos de turísmo, ya se a patrimonial, cultural, de entretenimiento, etc. Pero la inversión debe abarcar no solo el borde costero si no que todas las comunas, un cambio cultural en como cambiar el trato hacia los nuevos habitantes.



