El bajo crecimiento económico en Tarapacá necesita medidas drásticas

Iquique, 2026 — La Región de Tarapacá se encuentra en una encrucijada que ya no admite medias tintas ni discursos de complacencia. Las cifras de crecimiento regional no solo son mediocres; son el síntoma de una parálisis que amenaza el bienestar de miles de familias. Si bien es una realidad innegable que la administración anterior fue un rotundo fracaso en materia de expansión económica y generación de empleo, el actual Gobierno no puede seguir escudándose en la herencia recibida. Es momento de actuar.
La herencia del estancamiento
El legado de la gestión pasada dejó a Tarapacá con proyectos mineros ralentizados, una Zona Franca que lucha por recuperar su brillo histórico y una tasa de desocupación que se volvió estructural. Sin embargo, el «diagnóstico del pasado» ya no basta para llenar las mesas de los tarapaqueños. La inercia del bajo crecimiento se ha instalado, y la falta de una hoja de ruta agresiva está pasando la cuenta.
Urgencia de señales claras
Para que la región vuelva a ser el motor del norte grande, el Ejecutivo debe enviar señales claras y contundentes al sector privado. La inversión no se decreta, se seduce con certezas. Hoy, las empresas se enfrentan a una permisología asfixiante y a una falta de incentivos reales que las hacen mirar hacia otros horizontes.
«El Gobierno debe entender que sin inversión privada no hay empleo de calidad, y sin empleo, la seguridad social es solo una ilusión.»
Medidas drásticas para un rumbo nuevo
Corregir el rumbo exige medidas que salgan de la zona de confort burocrática. Se requiere:
-
Aceleración de Proyectos Estratégicos: Destrabar de inmediato las iniciativas mineras y energéticas que hoy duermen en oficinas centrales.
-
Modernización de la ZOFRI: Fortalecer el ecosistema logístico para competir con los nuevos puertos y corredores bioceánicos de la región.
-
Seguridad Jurídica y Pública: No habrá inversión donde no haya orden. La crisis de seguridad en la región es un impuesto invisible que ahuyenta cualquier intención de negocio.
El tiempo de las evaluaciones ha terminado. La región de Tarapacá no puede esperar a que el ciclo económico mejore por arte de magia. El Gobierno tiene la responsabilidad de ejercer un liderazgo audaz: o se aplican medidas drásticas hoy, o condenaremos a la región a una década de irrelevancia económica. El rumbo se corrige con hechos, no con promesas.



